El Greco (1540-1614)

Domenikos Theotokópoulos, conocido como El Greco. Iniciado en la pintura dentro de la tradición bizantina propia de su país de origen, Creta. El Greco, gracias a su paso por Venecia y Roma, logró transformarse en un pintor moderno que, ya en Toledo, desplegó el genial alcance de su talento artístico.

Laocoonte, obra famosa de El Greco. Pintura manierista.
Laocoonte, obra de El Greco

A los 37 años residió el maestro en la ciudad imperial, donde se dedicó a cumplir encargos de una clientela que le solicitó principalmente lienzos devocionales, retratos y retablos, así como algunas obras -pocas- de tema profano.

Su trayectoria artística peculiar, su originalísima manera de pintar -última expresión del manierismo- y sus inquietudes intelectuales lo convierten en una figura excepcional del panorama de la pintura hispana del siglo XVI, al tiempo que le reservan un lugar de honor en la historia del arte de todos los tiempos.

Historia / Biografía del Greco

Vida de Domenikos en Creta y Venecia

En Candia, la Heraklion actual, la capital de la isla sometida desde el siglo XIII al dominio veneciano, el interés artístico del joven Theotokópoulos se despertó en el seno de una familia dedicada al comercio marítimo y a la recaudación de impuestos. Formado como pintor de iconos dentro de la tradición local bizantina, consta como maestro en 1563.

Maestro aventajado, la posibilidad de hallar nuevos horizontes en la metrópolis veneciana debió de conducir, efectivamente, a El Greco, en los primeros meses de 1567, hasta la Serenissima, que asistía a una época dorada de su florecimiento artístico.

Allí debió de permanecer hasta poco antes de noviembre de 1570, fecha en que ya se encontraba en Roma. El impacto que le produjeron las obras de los grandes maestros venecianos (Tiziano, Tintoretto, el Veronés y Jacopo Bassano) se refleja, en distintos grados, en sus famosos trípticos llamados de Ferrara y Módena.

La santísima trinidad -El Greco
La santísima trinidad -El Greco

Domeniko en Roma

«Al cardenal Farnese. Ha llegado a Roma un joven candiota discípulo de Tiziano, que a mi juicio figura entre los excelentes en pintura».

Quien así se expresaba el 16 de noviembre de 1570 era el miniaturista croata Giulio Clovio, servidor de uno de los principales mecenas de la época, el cardenal Alessandro Farnese, en su intento de lograr protección para El Greco.

Dos años después de su llegada a Roma, el pintor candiota aparece inscrito en la Academia de San Lucas, quedando facultado para abrir taller en la ciudad. Mientras, el bagaje artístico veneciano del pintor se enriqueció sobre todo con el estudio de Miguel Ángel

El Greco en Toledo

Tras seis años de estancia en Roma, en 1576 El Greco abandonó Italia. En 1577 aparece documentado en Toledo, donde viviría hasta su muerte.

Aunque se desconoce el motivo de su llegada a España, no es arriesgado pensar que la falta de encargos relevantes en Venecia y Roma, junto a sus contactos en Roma con la influyente colonia española y la esperanza de trabajar para Felipe II en la decoración de El Escorial influyeron en su decisión.

En los primeros meses de estancia en España El Greco pintó la «Alegoría de la Liga Santa»; la visionaria obra debió de ser del gusto del monarca, para quien poco después ejecutó el «Martirio de San Mauricio», destinado a uno de los altares de la iglesia del monasterio escurialense.

Se trata, sin duda, de uno de sus más altos logros artísticos, pero no agradó al monarca por el sesgo manierista de su innovadora pintura, que no se adecuaba al ambiente tridentino que debía de respirarse en la iglesia del monasterio.

Aunque fue espléndidamente valorada económicamente, Felipe II la condenó a una dependencia del claustro alto; significó el definitivo apartamiento del pintor de las comisiones regias y el desvanecimiento del sueño del pintor de participar en la decoración de El Escorial, donde quizá el cretense esperaba emular a su admirado Miguel Ángel.

Vista de Toledo - El Greco
Vista de Toledo – El Greco

¿Fracaso ante el rey?

A pesar del fracaso ante el rey, El Greco no regresó a Italia, instalándose definitivamente en Toledo, donde en 1578 había nacido su hijo, fruto de su relación con una mujer soltera, Jerónima de las Cuevas, enigmática figura que ha inspirado una de las páginas más fantasiosas de la vida del pintor.

La parroquia de Santo Tomé le brindó la oportunidad de ejecutar la que cabe considerar su obra maestra, «El entierro del conde de Orgaz», ya tenida en su época como una de las grandes obras pictóricas que había en España.

El Greco satisfizo en Toledo una gran demanda de obras devocionales para parroquias, conventos o clientes particulares.

Asímismo, continuó su actividad como retratista que tan altas cotas había alcanzado en Italia.

Su pincel captó de modo magistral los semblantes y rasgos psicológicos de innumerables personajes ahora desconocidos, destacadas figuras de la sociedad local o de paso por Toledo, personalidades insignes, etc.

Su única aportación conocida a la temática mitológica, el «Laocoonte«, y los fascinantes paisajes de Toledo, en los que parece volcar su espíritu, acreditan su dominio de todos los géneros que hubo de tratar.

El 31 de marzo, estando enfermo, otorgó poderes a su hijo , que seguiría al frente  de su taller, para hacer testamento.

Murió pocos días después, el 7 de abril. Sus despojos mortales fueron enterrados en una capilla de la iglesia de Santo Domingo el Antiguo, para la que había pintado una «Adoración de los pastores». Cinco años después, sus restos fueron trasladados a lugar desconocido.

Alegoría de la Santa Liga - El Greco
Alegoría de la Santa Liga – El Greco

Críticas de la obra del Greco

La incomprensión de los tratadistas de los siglos XVII y XVIII ante los aspectos más audaces de la personalidad artística de El Greco dio lugar a una sucesión de reticencias y críticas que comenzó a remitir a partir de la tercera década del siglo XIX, cuando el entusiasmo de unos pocos artistas y literatos románticos franceses por el maestro cretense preparó el camino de la revalorización moderna del pintor.

En esta recuperación de la figura del cretense desempeñaron un papel determinante los pintores (Delacroix y Millet, que posteriormente fueron seguidos, entre otros, por Manet y Degas) y literatos (Baudelaire) que hallaron en la «extravagancia» de El Greco un reflejo de sus ideales románticos.

Pero si por un lado la interpretación romántica justificó la «excentricidad» de El Greco, por otro apuntaló la idea de la locura patológica del pintor para explicar las distorsiones de las figuras y el extraño color propio de su última forma de pintar.

Algunos Reconocimientos importantes en España

En España, a El Greco , por solo citar dos nombres, lo descubrieron Darío de Regoyos e Ignacio Zuloaga, precedidos por Santiago Rusiñol, a quien se debe la idea de erigir por suscripción popular el primer monumento dedicado en España al «precursor del modernismo«.

El siglo XX se ha preocupado por la interpretación de su arte, sea intentando descubrir el porqué de su extrañeza, sea profundizando en sus significados.

En el primero de los aspectos se debe mencionar, aunque sólo sea para destacar la dificultad que existió en un momento dado para interpretar la singularidad de su pintura, la teoría del oftalmólogo Germán Beritens, que achacó al astigmatismo del pintor las deformaciones de sus figuras.

En cuanto a las interpretaciones del arte de El Greco se agrupan, fundamentalmente, en dos corrientes: la que sitúa su carrera toledana entre el misticismo y los preceptos religiosos y espirituales de la Contrarreforma, y la que tiende a considerar a El Greco como artista filósofo, ajeno a la espiritualidad tridentina y primordialmente interesado en los aspectos formales y técnicos de sus obras.

Curiosidades del Greco

El Greco fue un pintor que vivió entre 1541 y 1614. Es considerado uno de los máximos exponentes del manierismo, un movimiento artístico que se caracteriza por la distorsión de las formas, el alargamiento de las figuras, el uso de colores intensos y el dramatismo de las escenas. Su obra está compuesta por más de 200 pinturas, en las que plasmó su visión personal y espiritual de la religión, el retrato y el paisaje. A continuación, te presentamos algunas curiosidades sobre su vida y su obra, organizadas por subtítulos:

Su origen griego y su nombre

El Greco nació en Creta, una isla griega que entonces pertenecía a la República de Venecia. Su nombre real era Doménikos Theotokópoulos, que significa Domingo, hijo de Teodoro. Su apodo de El Greco se debe a que firmaba sus obras con su nombre griego y a que se le distinguía de otros pintores españoles por su origen.

El Greco hablaba y escribía en griego, latín, italiano y español. Su biblioteca personal contenía más de 130 libros de literatura, historia, pintura, filosofía y arquitectura en estos idiomas. También tenía conocimientos de música y tocaba la lira.

Su formación artística y su viaje a España

El Greco se inició en el arte como pintor de iconos en el estilo bizantino vigente en Creta. Luego viajó a Venecia, donde se formó con pintores como Tiziano o Tintoretto, aprendiendo la técnica del óleo y el uso del color. También visitó Roma, donde estudió el manierismo de Miguel Ángel y Rafael.

Se trasladó a España en 1577, buscando trabajar para el rey Felipe II. Sin embargo, no consiguió el favor real y se estableció en Toledo, donde encontró el apoyo de la nobleza local y del clero. Allí desarrolló su estilo más personal y original.

Su obra pictórica y sus obras maestras

El Greco fue un maestro de la pintura, que se distinguió por su capacidad para crear atmósferas místicas y emocionantes. Sus figuras son alargadas y contorsionadas, con expresiones intensas y gestos dramáticos. Sus colores son vibrantes y contrastados, creando efectos de luz y sombra.

Pintó algunas de las obras más famosas e influyentes del arte español, como El entierro del conde de Orgaz, El caballero de la mano en el pecho o El expolio. También realizó retratos magistrales como El cardenal o El caballero anciano.

Su personalidad y su muerte

Fue un hombre culto e independiente, que no se sometió a las modas ni a las convenciones de su época. Tuvo una personalidad orgullosa y reivindicativa, que le llevó a tener varios litigios por el precio de sus obras o por cuestiones estéticas. También fue generoso con los pobres y los necesitados.

El Greco murió el 7 de abril de 1614, a los 73 años, en su casa de Toledo. Fue enterrado en el convento de Santo Domingo el Antiguo, pero sus restos fueron trasladados posteriormente a la iglesia de San Torcuato. Su obra fue olvidada durante siglos hasta que fue redescubierta por los pintores modernos.

Principales obras de el Greco