Sileno borracho – José de Ribera

1626, óleo sobre lienzo,  185 x 229 cms, Gallerie Nazionali di Capodimonte, en Nápoles.

Comentario de la obra «Sileno borracho o Sileno ebrio» de José de Ribera

En 1675 Joachim von Sandrart  registraba la presencia del cuadro en el palacio de Monteoliveto, del comerciante y coleccionista flamenco Gaspar Roomer.

Dado que Giulio Cesare Capaccio, al describir su visita a la casa de Roomer en 1630, no dice nada del cuadro, se había pensado que no habría sido aquél su comprador, hipótesis que confirmó después un documento descubierto en Nápoles, que atestigua que en 1635 el flamenco compró al pintor Giacomo de Castro un «Baco de nueve y siete palmos».

Sileno, tendido sobre un paño, está rodeado de diversas figuras: un asno y un joven sátiro con una taza en la mano, otro sátiro que vierte vino en la concha que usa Sileno como copa, y un tercero que le pone en la cabeza una corona de hiedra entretejida.

Detrás de este personaje se ven los rostros de otras dos figuras; la del extremo derecho es de rasgos elegantes que recuerdan esculturas clásicas. En primer plano, en el suelo, un bastón, una tortuga y una concha; a la izquierda, una cartela con la firma del artista, rota por una serpiente que tiene un trozo en la boca. 

La escena ha sido identificada por Richard Spear como la coronación de Sileno por Pan; este estudioso ha visto en el perfil clasicista del ángulo superior derecho la imagen de Apolo, el dios que en la iconología renacentista y barroca se asocia con Sileno.

Esta interpretación ha sido rechazada por Prohaska, que ve en el cuadro la figuración de una bacanal, narrada por Ovidio en los «Fastos»: en el curso de un festejo para coronar a Baco en el que participan los sátiros, las ninfas, Pan y Sileno, Príapo trató de aprovecharse de la ninfa Lotis mientras todos dormían; el asno de Sileno comenzó a rebuznar y el engaño se descubrió a tiempo. Ribera habría optado por representar no a los protagonistas  del episodio  sino a Sileno y a su asno, dejando al espectador culto la tarea de llegar al núcleo de la fábula.