Woman I de Willem de Kooning

De creer lo que se dice, la obra más conocida y al mismo tiempo  más controvertida de Willem de Kooning  bien pudiera no haber existido. En junio de 1950, De Kooning,  quien solía desarrollar sus cuadros directamente sobre la tela, inició una serie de dibujos previos para «Woman I» («Mujer I»).

Expresionismo abstracto. Óleo sobre lienzo de 193 x 147 cms. Expuesto en el MOMA.

Obra expresionista Woman I de Willem de Kooning
Woman I de Willem de Kooning

Cuando el destacado historiador de arte Meyer Shapiro le visitó en su estudio en marzo de 1952, el pintor consideraba el cuadro definitivamente  malogrado y, resignado, había retirado la tela del marco. No obstante, a petición de Shapiro se dispuso a reelaborar su obra y no tardó en concluir su trabajo.

El cuadro, junto con otras cinco obras de la serie titulada «Paintings on the Theme of the Woman», se expuso en marzo de 1953 en la importante Galería Sidney Janis.

De forma paralela, la revista ArtNews publicó el mismo mes un detallado reportaje sobre Willem de Kooning en el que entre otras cosas se ofrecían documentos fotográficos de las distintas fases del largo proceso de gestación de «Woman I».

El mismo año de su exposición, el MOMA adquirió el cuadro a la Galería Sidney Janis. 

A pesar de aquel éxito, para muchos espectadores de los ambientes artísticos y críticos de la Escuela de Nueva York en la que se celebraba la abstracción como una conquista progresista en la evolución de la pintura americana contemporánea, «Women» de Willem de Kooning era, literalmente, un cuerpo extraño.

Por el contrario,  en la obra del pintor el motivo de la figura humana había estado presente desde el principio y -con interrupciones, en las que los cuadros abstractos ocupaban el primer plano-, no dejó de reaparecer una y otra vez, como en el caso de «Woman» (1948), que preludiaba la serie posterior.

De Kooning trató de evitar su encasillamiento en la abstracción o en la figuración; en una entrevista de 1960 se explicó en los siguientes términos: «Algunos artistas y críticos me atacaron por pintar ‘Women’, pero entendí que el problema era suyo, no mío. En realidad no me considero en absoluto un pintor abstracto.

Actualmente, ciertos artistas se creen en la obligación de volver a la figura y la palabra ‘figura’ adquiere resonancias ridículas; el hecho de tomar un poco de pintura con el pincel y pintar la nariz de cualquiera es ridículo desde un punto de vista teórico o filosófico.

En cualquier caso carece realmente de sentido pintar actualmente con color una imagen, un retrato humano por ejemplo, si tenemos el problema de hacer algo o de no hacerlo. Así que temo tener que secundar mis deseos».

La serie «Women» fue y sigue siendo controvertida, entre otros motivos, por su visión aparentemente negativa de la mujer, en la que la representación de la figura femenina ejerce de pantalla y de objetivo de las agresiones masculinas.

En una discusión muy extensa, Linda Nochlin, feminista e historiadora del arte, abogaba en 1998 por una consideración diferenciada de la serie: «No estoy segura de poder suscribir una evaluación única  de la serie ‘Women’ desde el punto de vista de una representación de género ‘positiva’ o ‘negativa’.

Hay mucha ambivalencia en todo esto. Y, en definitiva, ¿qué significa ‘positivo’ o ‘negativo’ cuando está en juego un concepto cultural como ‘mujer’ (en general)».